El jurado acaba de otorgar el Premio Príncipe de Asturias de las Artes 2007 a Bob Dylan. Durante todo el día de ayer y esta mañana se rumoreaba en la prensa y los blogs que Dylan era quien más posibilidades tenía de ganar, y hace escasos minutos se ha confirmado el hecho.
A la espera de más noticias, simplemente decir que es para nosotros una gran alegría por partida doble. En primer lugar porque Dylan es nuestro músico favorito, y en segundo lugar porque esperamos desde ya con nerviosismo verle aparecer por las calles de nuestra ciudad Oviedo, para recoger el premio.
Ni que decir que allí estaremos cubriendo en directo la noticia.
Enhorabuena Bob!
La misma tarde en la que se confirmaba la noticia, distintos contertulios criticaban la decisión del Jurado. Increíble ¿no? Parece que nos resulta complicado aceptar lo obvio.
BoB Dylan es un genio. Ha pasado a la historia por un sinfín de circunstancias que hacen imposible concebir una figura como la de él. Por encima de ellas, destaca su innata capacidad para describir cuanto nos ocurre de un modo atemporal.
No se trata del símbolo de una generación mítica, tampoco se trata de un defensor de la ética y de los valores del humanismo. Bob Dylan es un notario histriónico, capaz de desmenuzar la realidad desde una perspectiva poética.
Para es mí es un reportero que al relatar cuanto observa tiene el don de elevarlo a una categoría excepcional.
Eso lo convierte en el candidato perfecto a mi reconocimiento. Además es capaz de componer, primero, y de hacer única cada versión en directo, después, de “Desolation Row”, “It’s All Over Now, Baby Blue” o “Visions of Johanna”.
Yo creo que deberían interrumpir esas tertulias, detener a sus protagonistas y obligarlos a escuchar Blood on the Tracks hasta aprenderse de memoria los arreglos de cuerda…
Al fin y al cabo están ahí por un “Simple Twist of Fate”
Lo único que hacen es criticar lo que no pueden entender. Los tertulianos opinan de todo (todos, al igual que culo, tenemos una opinión).
También yo escuche algún comentario de tertuliano los días siguentes y, en general, eran patéticos. yo creo que pronunciaban mal hasta el nombre.
En fín nada que añadir, excepto que fué, y es, un gran día.